Karen estaba ya lista para salir, llevaba puesto el abrigo y ese conjunto de falda y chaqueta marrón que tanto le gustaba a Ben. Parada en la puerta y con las llaves en la mano esperaba a que Ben terminara de peinarse (era capaz de pasar horas delante del espejo modelando su brillante pelo, se hacía la ralla a un lado y aunque no lo tenía especialmente liso le daba un aire señorial el peinado que cada mañana se hacía), "¿Quieres salir yá? voy a llegar tarde a la oficina!!" gritaba Karen, "qué quieres que haga, no puedo ir más rápido! me ha salido un rizo indomable" respondió Ben, "todos los días te sale algún rizo, asúmelo!" replicaba ella con cierto enfado.
Al salir del baño aún llevaba las zapatillas de casa y los pantalones del pijama, "cómo puede ser tan lento", pensó Karen, que evitó decirlo en alto para no empezar una discusión de buena mañana y con ello retrasar la marcha al trabajo.
Con la corbata a medio hacer, la camisa por fuera y un croissant en la boca finalmente Ben salió al jardín para poner en marcha el viejo Cadilac, le encantaba arrancarlo suavemente y dejar que poco a poco se fuera calentando. Mientras, le daba cortas pisadas al acelerador y acercaba la oreja derecha al salpicadero para escucharle rugir. Cerraba los ojos y lo hacía una y otra vez, sabía con solo escucharlo cuando estaba a punto, no solía tardar mucho pero Karen a veces se desesperaba, ella le adora y aún más por esos pequeños detalles pero por las mañanas las prisas a veces nublaban el cariño. En un momento Karen estaba ya dentro del coche y juntos salen rumbo a la monotonía.
Continuará...

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados